La transición energética no puede limitarse a cambiar tecnologías: debe reparar las heridas históricas que ha dejado el extractivismo y transformar las relaciones de poder que sostienen la crisis climática. “Una transición reparadora” plantea la necesidad de avanzar hacia un modelo donde la justicia ambiental, la participación de las comunidades y la reparación de los territorios sean pilares centrales del cambio energético. Porque una transición verdaderamente justa no solo mira hacia el futuro: también reconoce y responde a las deudas del pasado.