Narrativas propias y el sentir de pueblos originarios en la transición más allá de los fósiles

El sentir de pueblos originarios en la transición

La transición energética también es una discusión sobre la vida

Hablar de transición energética no puede reducirse únicamente a paneles solares, mercados de carbono o megaproyectos “verdes”. Para muchos pueblos originarios del mundo, la discusión no es solamente tecnológica o económica; es una conversación sobre la continuidad de la vida, la defensa de los territorios y la relación espiritual con la naturaleza.

Durante la 1.ª Conferencia Internacional para la Transición Energética Más Allá de los Combustibles Fósiles, los pueblos indígenas llegamos con una palabra distinta. No asistimos únicamente para escuchar diagnósticos o participar simbólicamente en los espacios institucionales. Llegamos para recordar que los territorios ya han sostenido formas de vida y cuidado mucho antes de que la crisis climática se convirtiera en una preocupación global.

El posicionamiento colectivo presentado por los pueblos indígenas durante la conferencia fue contundente: “La Transición Justa y la eliminación progresiva de los combustibles fósiles deben construirse con nosotros o no serán justas”. Esta afirmación no solo representa una exigencia política, sino también una advertencia frente a los riesgos de repetir modelos extractivos bajo nuevos discursos ambientales.

En muchos escenarios internacionales se habla de transición energética como si fuera un concepto nuevo. Sin embargo, los pueblos indígenas hemos practicado históricamente formas de equilibrio con la naturaleza basadas en el cuidado del agua, la protección de las semillas, el respeto por los ciclos de la tierra y la vida comunitaria. Desde esa mirada, la transición no comienza con nuevas tecnologías, sino con la recuperación de relaciones más justas entre los seres humanos y la Madre Tierra.

Narrativas propias y el sentir de pueblos originarios

Volver al origen para avanzar

Las comunidades indígenas han defendido sus cosmovisiones durante siglos, muchas veces enfrentando violencia, despojo y modelos extractivos impuestos sobre sus territorios. Esa experiencia histórica deja una enseñanza fundamental: no puede existir una transición justa si se repiten las mismas lógicas de explotación bajo nuevos discursos “verdes”.

El documento político de los pueblos indígenas presentado en la conferencia señala que “la transición no se debe convertir en una nueva forma de extractivismo colonial que perpetúe modelos que explotan nuestros territorios”. Esta reflexión cuestiona directamente la idea de reemplazar combustibles fósiles por nuevas economías mineras que continúan afectando territorios indígenas y ecosistemas estratégicos.

Volver al origen no significa regresar al pasado de manera romántica. Significa reconocer que existen conocimientos, prácticas y formas de organización comunitaria que continúan siendo vigentes para enfrentar la crisis climática.

En el caso del pueblo Nasa, en Colombia, uno de esos espacios es el fogón, la tulpa o el Ipx Kwet (Fogón – Nasayuwe). Desde ahí se comparte la palabra colectivamente, se fortalecen los vínculos familiares y comunitarios, y se toman decisiones para el cuidado del territorio. El fogón no representa únicamente un espacio físico; es un escenario político, espiritual y cultural desde donde se construye comunidad.

Como lo expresan los pueblos indígenas en el documento final de la conferencia, “para nosotros, el territorio no es un recurso, sino la base de la vida, la cultura, la gobernanza y la espiritualidad”. Pensar una transición energética desde los pueblos implica reconocer estos espacios de vida como fundamentales. Sin territorio libre, autonomía y gobierno propio, cualquier propuesta de transición corre el riesgo de convertirse en una nueva forma de despojo.

El riesgo de una transición extractiva con otro nombre

Uno de los debates más importantes que surgió durante la conferencia estuvo relacionado con las contradicciones de algunos modelos de transición energética promovidos a nivel global. Aunque muchas iniciativas buscan reducir la dependencia de los combustibles fósiles, también existe el riesgo de profundizar nuevas formas de extractivismo asociadas a minerales estratégicos como el litio, el cobre o el níquel.

Diversas organizaciones y comunidades han advertido que la llamada “economía verde” podría reproducir desigualdades históricas si no garantiza derechos territoriales, consulta previa y participación real de las comunidades afectadas.

En ese contexto, las voces indígenas insistieron en una pregunta fundamental: ¿transición para quién y a costa de quién?

La preocupación no es menor. En distintos países de América Latina, África y Asia, proyectos relacionados con energías renovables o minería para tecnologías limpias han generado conflictos territoriales, desplazamientos y afectaciones ambientales. Por ello, los pueblos originarios reclaman que la transición energética no sea únicamente una sustitución de recursos, sino una transformación profunda de las relaciones políticas y económicas que históricamente han puesto el lucro por encima de la vida.

Narrativas propias y el sentir de pueblos originarios en la transición más allá de los fósiles

La comunicación propia en los espacios globales

Otro aspecto clave de la conferencia fue la necesidad de fortalecer las narrativas propias en escenarios internacionales. Durante muchos años, los pueblos indígenas han sido representados por voces externas, reducidos a discursos folclóricos o convertidos en símbolos culturales sin incidencia real en la toma de decisiones.

La comunicación propia surge precisamente como una herramienta para disputar esas representaciones y posicionar otras formas de comprender el territorio y la crisis climática.

No se trata solamente de “dar visibilidad”. Se trata de construir espacios donde las comunidades puedan hablar desde su experiencia, su memoria y sus formas de entender el mundo. La palabra propia permite nombrar problemáticas que muchas veces no aparecen en los informes técnicos ni en los discursos institucionales.

Desde la comunicación indígena, la transición energética también se narra desde las afectaciones concretas que viven las comunidades: la contaminación de los ríos, el avance de proyectos extractivos, la militarización de los territorios y las amenazas contra lideresas y líderes ambientales.

Pero también se comunica desde la esperanza, la resistencia y la construcción de alternativas comunitarias.

Los pueblos indígenas han sido claros al exigir que su participación no sea simbólica. El documento presentado durante la conferencia sostiene que la participación debe garantizarse “con voz y voto” y con mecanismos reales de incidencia en la toma de decisiones. Esto implica reconocer a los pueblos indígenas no como beneficiarios pasivos de políticas climáticas, sino como actores políticos con propuestas concretas frente a la crisis global.

Más allá del “toque cultural”

En muchos encuentros internacionales, la presencia indígena continúa siendo vista como un elemento simbólico o decorativo. Las comunidades son invitadas para abrir ceremonias, compartir expresiones culturales o hablar brevemente sobre espiritualidad, mientras las decisiones centrales permanecen concentradas en gobiernos, empresas y organismos internacionales.

Frente a ello, los pueblos originarios han sido claros: no queremos ser únicamente el “toque cultural” de las cumbres climáticas.

Queremos participar en la construcción de políticas, en la toma de decisiones y en la definición de los modelos energéticos que impactan directamente nuestros territorios. La justicia climática no puede construirse sin la participación efectiva de quienes históricamente han protegido la biodiversidad y los ecosistemas.

Los pueblos indígenas no son actores del futuro; son actores del presente. Su experiencia en el cuidado del territorio representa una contribución concreta frente a la crisis ambiental global.

Una transición construida desde abajo

En ese sentido esta conferencia dejó muchas reflexiones. Una transición energética verdaderamente justa solo será posible si nace desde abajo, desde las comunidades, desde las asambleas y desde las formas propias de organización de los pueblos.

Las soluciones no pueden imponerse de manera vertical ni responder únicamente a intereses económicos globales. Deben construirse escuchando a quienes habitan y defienden los territorios.

En medio de la crisis climática, las comunidades indígenas continúan cuidando el agua, las semillas, los bosques y la vida colectiva. Lo hacen no como una estrategia de mercado, sino como parte de una relación histórica y espiritual con la tierra.

Como concluye el posicionamiento de los pueblos indígenas, la transición debe construirse “siempre poniendo la vida en el centro”. Esa visión representa una apuesta ética y política frente a un modelo económico que históricamente ha priorizado la acumulación sobre el cuidado de la vida.

Porque sin territorio, sin agua y sin palabra, no habrá transición posible.

Para cerrar,quiero compartir un sentir desde los mayores de mi territorio, en el que hacen un llamado a seguir cuidando la vida, el territorio y todo lo que habita en ella. “Si se acaba el agua, se acaba la memoria” José cuetocué