Luchar contra la crisis climática es una tarea ardua y frustrante en tiempos de crecientes desigualdades y bajo una agenda climática mundial cada vez menos relevante por acciones negacionista o retardantes. Así se sintieron muchos activistas climáticos tras la COP30 celebrada el pasado noviembre en Brasil. A pesar de los comprometidos esfuerzos del país anfitrión y otros países comprometidos con el clima, estados petroleros como Estados Unidos, India, Arabia Saudita y Rusia bloquearon cualquier compromiso de abandonar los combustibles fósiles en el texto final de la conferencia. Precisamente dicho abandono es esencial, puesto que más del 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero provienen de la explotación, quema y consumo de combustibles fósiles (Naciones Unidas).[1]
Por ello, para limitar el calentamiento global y cumplir con el Acuerdo de París, es necesario discutir una transición energética en escenarios internacionales. De esta manera, surge un nuevo tipo de conferencia climática en Santa Marta, Colombia, en donde se pretende ofrecer alternativas para lograr dicha transición. Este encuentro funciona como una especie de reunión de los países y actores dispuestos a abandonar los combustibles fósiles y se celebra fuera del marco de la ONU. Sin embargo, también tiene el potencial de influir en el resultado de la COP31 de este año.
Santa Marta: un motivo de esperanza
La conferencia surge de una coalición inesperada entre Colombia y los Países Bajos, dada a conocer durante la COP 30 del año pasado. Este evento comenzó el 24 de abril y se celebrará hasta el proximo 29 de abril en el puerto de Santa Marta, precisamente uno de los principales puertos exportadores de carbón del país. Su objetivo es crear una plataforma de diálogo político y técnico entre representantes gubernamentales, sociedad civil, líderes empresariales y comunidades afrodescendientes e indígenas y elaborar propuestas concretas para superar los obstáculos que frenan la transición hacia el abandono de los combustibles fósiles.
Se trata de un evento paralelo a las conferencias COP de la ONU, aunque subraya explícitamente que no pretende reemplazarlas, sino únicamente llenar sus vacíos. Así, la conferencia de Santa Marta representa una novedad en el mundo de la diplomacia climática. En primer lugar, se celebra una conferencia climatica internacional cuyos acuerdos no pueden ser bloqueados por los derechos de veto de los estados petroleros, como ocurrió durante la COP30 el año pasado, [2]En segundo lugar, contiene un enfoque claro en el abandono de los combustibles fósiles, un aspecto que hasta ahora ha quedado rezagado en las conferencias y acuerdos climáticos.Y por último, los países industrializados reconocen su deuda histórica de haber contribuido la mayor parte al detrimento del cambio climático.
Agenda y participantes: ¿qué está en juego?
Hasta el momento, 2.608 organizaciones, la Comisión Europea, la presidencia de la COP30 y la COP31, así como más que 53 países han confirmado su participación en la conferencia. Entre los países participantes se encuentran, además de Colombia y los Países Bajos, otros 18 países europeos, entre ellos Alemania, así como varios estados latinoamericanos, africanos e isleños del Pacífico como Tuvalu y Vanuatu, estados especialmente afectados por las consecuencias del cambio climático.[3] No obstante, entre los diez mayores productores mundiales de petróleo y gas solo participen Canadá, Australia, Noruega y Brasil. La participación de los mayores productores de combustibles fósiles como Arabia Saudita, Rusia, Estados Unidos, Irán y China brilla por su ausencia.
La agenda se estructura en torno a tres ejes temáticos: la superación de las dependencias económicas de los combustibles fósiles, la transformación de la oferta y la demanda energética, y el fortalecimiento de la cooperación internacional y la diplomacia climática. Además, la conferencia se divide en dos fases: del 24 al 27 de abril se celebrarán diálogos entre grupos de interés del ámbito científico, organizaciones de la sociedad civil, el sector privado y ONGs. Por otro lado, durante los días 28 y 29 de abril estarán reservados para representantes gubernamentales de alto nivel y ministros.
Una reunión de los dispuestos
Impulsada por la "Fossil Fuel Treaty Initiative", fundada en 2020, la conferencia es una "reunión de los dispuestos": estados que toman en serio el abandono de los combustibles fósiles y no quieren esperar a los lentos procesos de las conferencias climáticas de la ONU. El objetivo a largo plazo de la iniciativa es elaborar un tratado vinculante para una transición justa desde los combustibles fósiles hacia las energías renovables, con calendarios concretos para el abandono y planes financieros para una transición justa en los países en desarrollo dependientes de los combustibles fósiles. Sin embargo, la conferencia de Santa Marta no servirá aún como sede de negociación del tratado, sino que se considera un primer paso de cooperación multilateral hacia el abandono. En el plazo de un año está prevista una segunda conferencia en Tuvalu, en el Pacífico, donde por primera vez se emitirá un mandato para negociar un tratado de abandono de los combustibles fósiles.
Transición justa: el foco en los países en desarrollo
La conferencia tiene en cuenta la diferente situación de partida de los países en desarrollo y los países industrializados. Muchos países en desarrollo por el peso de sus deudas siguen siendo económicamente dependientes de los combustibles fósiles. En cambio, los países industrializados han generado su riqueza durante décadas a través de los combustibles fósiles y son, por ello, los principales responsables de la catástrofe climática.
A través de diversos mecanismos se pretende encaminar a una transición energética, como un fondo global para una transición justa y una reestructuración de la deuda. La conferencia aspira a reducir estas desigualdades históricas y ayudar a los países en desarrollo a salir de su dependencia del carbón.
Influencia en la COP31
La conferencia persigue su propia agenda para el abandono de los combustibles fósiles, con el objetivo a largo plazo de negociar un tratado vinculante, pero al mismo tiempo aprovecha el impulso del momento. Tras el decepcionante resultado de la COP30 en Belém, 24 naciones firmaron, de manera independiente a la COP30 y bajo la iniciativa del presidente brasileño Lula, la "Declaración de Belém sobre la Transición Justa hacia el Abandono de los Combustibles Fósiles", comprometiéndose así con dicho abandono. En el marco de esta declaración la presidencia de la COP30 pretende elaborar una hoja de ruta con propuestas concretas, cuyos resultados de la conferencia de Santa Marta serán incorporados y presentados finalmente en la COP31, que tendrá lugar este noviembre bajo la presidencia conjunta de Turquía y Australia en Antalya, Turquía.
De este modo, la conferencia de Santa Marta tiene el potencial de influir en el resultado de la COP31. A través de esta cooperación multilateral entre estados dispuestos, se busca aumentar la presión internacional en la COP31 para que el abandono de los combustibles fósiles sea tomado en serio.
La presidencia de la COP31 se ha mostrado hasta ahora ampliamente colaboradora con la iniciativa de abandono de los combustibles fósiles y estará presente en la conferencia de Santa Marta. El ministro de medio ambiente australiano y presidente de la COP31, Chris Bowen, se ha pronunciado con fuerza en el pasado a favor del abandono de los combustibles fósiles y ha prometido defender esta agenda en la COP31. Su homólogo turco, Murat Kurum, en cambio, se muestra más crítico y subraya, con la mirada puesta en su propio país, la necesidad de encontrar un equilibrio entre la protección del clima y el crecimiento económico. A pesar de la postura crítica de uno de los países coanfitriones, la estrecha vinculación entre la Conferencia de Santa Marta y la COP31 es una señal prometedora. Dado que las conclusiones de Santa Marta se incorporarán a la hoja de ruta para la salida de los combustibles fósiles de la presidencia de la COP30, que se presentará en la COP31, podrían allanar el camino para una salida seria de los combustibles fósiles a nivel de la COP.
Viento geopolítico a favor
A favor del éxito de este proyecto habla también el momento geopolítico de la conferencia. Puesto que, como se evidenció con la invasión rusa en Ucrania en 2022 y con vista de los últimos acontecimientos de la guerra entre Estados Unidos e Irán estos eventos han provocado en el pasado un marcado aumento de los precios del gas y del petróleo, lo que ha puesto de manifiesto para los gobiernos la importancia de abandonar los combustibles fósiles, no solo por razones medioambientales, sino también en aras de la independencia energética de sus países.
Esta valoración es compartida también por las ministras de medio ambiente de los dos países anfitriones. Por su parte, La ministra de medio ambiente de Colombia, Irene Vélez, subraya en una sesión informativa que la actual crisis del petróleo y la iniciativa de la hoja de ruta de la COP30 representan un impulso que debe aprovecharse, y que la conferencia ofrece la oportunidad de crear un "equilibrio geopolítico".
La ministra neerlandesa de Clima y Crecimiento Verde, Stientje Van Veldhoven-Van der Meer, destaca en su escrito al Parlamento sobre la conferencia el potencial que ofrecen las energías renovables para que los Países Bajos se independicen de los volátiles mercados energéticos mundiales y sean así menos vulnerables a perturbaciones externas como cuellos de botella en el suministro o subidas de precios derivadas de crisis geopolíticas.
Al mismo tiempo, subraya que la conferencia puede servir a los Países Bajos para construir alianzas globales en favor del abandono de los combustibles fósiles. Considera que es de interés neerlandés crear unas condiciones de competencia equitativas, de modo que la transición hacia las energías renovables no vaya en detrimento de la propia competitividad.
Por último, señala que los Países Bajos abogan por soluciones de financiamiento sostenibles, especialmente a través de los bancos de desarrollo, para garantizar que el abandono de los combustibles fósiles se lleve a cabo de forma coordinada a nivel global y socialmente justa, lo que contribuye a la estabilidad internacional y, por ende, a la propia estabilidad nacional.
Conclusión: avance con desenlace abierto
La estrecha colaboración con la presidencia de la COP31, la amplia participación —incluidos productores de petróleo como Canadá y Brasil—, y sobre todo, un clima geopolítico en el que las subidas de los precios del gas y el petróleo provocadas por los conflictos ejercen una presión cada vez mayor sobre los gobiernos para que adopten las energías renovables, son argumentos a favor de que la conferencia logre influir en el resultado de la COP31.
Sin embargo, queda por ver si la presión política y el impulso del momento serán suficientes para generar un cambio real. La ausencia de los mayores emisores y las notas críticas como la del ministro turco alimentan el temor de que Santa Marta se quede en el ámbito simbólico.
Cabe mencionar que aunque la conferencia no influya directamente en la COP31, el evento de Santa Marta ya abre una perspectiva a largo plazo para el cambio político en los asuntos que respecta a la transición energética. Puesto que, podrían sentar las bases para negociar un tratado vinculante sobre el abandono de los combustibles fósiles en la conferencia de seguimiento en Tuvalu. Esto significaria paso importante que va más allá del marco de las negociaciones de la COP y una señal de que el abandono de los combustibles fósiles podría ser posible incluso sin el consentimiento de todos.
[3] Los países participantes son: Angola, Australia, Austria, Bangladesh, Belgium, Brazil, Cambodia, Cameroon, Canada, Chile, Costa Rica, Denmark, Dominican Republic, European Union, Fiji, Finland, France, Germany, Ghana, Guatemala, Iceland, Ireland, Italy, Jamaica, Kiribati, Luxembourg, Maldives, Marshall Islands, Mauritius, Mexico, Mongolia, Netherlands, Nigeria, Norway, Palau, Panama, Papua New Guinea, Philippines, Portugal, Senegal, Singapore, Slovenia, Spain, Sri Lanka, Sweden, Switzerland, Trinidad and Tobago, Türkiye, Tuvalu, United Kingdom of Great Britain and Northern Ireland, United Republic of Tanzania, Uruguay, Vanuatu, Vietnam