Salir de los combustibles fósiles no es solo un desafío tecnológico: es una disputa por poder, recursos y territorios. La Conferencia de Santa Marta abrió una vía de cooperación, pero también dejó en evidencia los límites del consenso climático. ¿Qué hace falta para superar el “túnel del carbono” y construir una gobernanza global capaz de sostener una transición realmente justa?
La reciente Conferencia para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, celebrada en Santa Marta, ha marcado un hito necesario pero incompleto. Si bien reunió a 57 países que representan aproximadamente un tercio del PIB mundial, la ausencia de un compromiso vinculante en las conclusiones oficiales para consolidar un tratado internacional de salida de los combustibles fósiles evidenció que el proceso aún está atrapado en una "visión de túnel" climática [1]. Esta limitación no es azarosa: es el reflejo de una profunda conflictividad de intereses.
Por un lado, la presión por generar capital a través de industrias extractivas; por otro, la disparidad entre los países productores y consumidores, cuyos beneficios y cargas históricas han sido asimétricos. En consecuencia, estas narrativas prevalecientes en las conclusiones de la Conferencia diluyeron la posibilidad de establecer un acuerdo vinculante que garantizara instrumentos concretos de intercambio de capacidades, financiamiento y reconocimiento de responsabilidades históricas.
Frente a este escenario, de acuerdo con la nota de prensa emitida por los gobiernos de Colombia y los Países Bajos, (2026), la Conferencia de Santa Marta no se planteó como un espacio de competencia, sino como una vía complementaria al proceso de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC). En este sentido, la conferencia buscó actuar como un "acelerador del trabajo" diseñado para que una "coalición de los dispuestos" avance en acciones concretas, superando los bloqueos políticos que suelen paralizar el consenso global en las cumbres climáticas. Bajo esta lógica de articulación, las conclusiones del encuentro se canalizarán hacia el Segundo Balance Mundial (GST2) y serán presentadas ante hitos estratégicos como las reuniones intersesionales de Bonn y las próximas Semanas del Clima en Londres y Nueva York. Este esfuerzo busca que la hoja de ruta resultante no solo alimente la agenda formal de la ONU, sino que también permee los compromisos nacionales climáticos de los países participantes.
No obstante, a pesar de las puertas que abre la CMNUCC, el margen de acción para que los "dispuestos" integren estas conclusiones en la mesa global sigue siendo reducido, especialmente ante la proliferación de discursos negacionistas y retardistas. Esta estructura dificulta la incorporación de temas estructurales que la Conferencia abordó —como la reforma de la arquitectura financiera global, la diversificación económica, la justicia laboral y la protección social—, asuntos que no encuentran soporte ni espacio de discusión formal en el articulado del Acuerdo de París. Este déficit no solo limita el diálogo entre países vulnerables a la volatilidad energética —quienes inevitablemente enfrentarán el bloqueo de los poderes fácticos del ajedrez fósil—, sino que genera un desgaste crónico en la diplomacia climática. De hecho, la resistencia es palpable: la presidencia de la futura COP31, en cabeza de Turquía y Australia, ha calificado de "no realista" pedir a los países el abandono de los combustibles fósiles, dejando clara su oposición a abrir este debate fundamental (France 24, 2026).
Este fraccionamiento de agendas convierte la transición energética en un ejercicio de voluntades dispersas. Si bien 57 países reconocen que la dependencia de los combustibles fósiles socava cualquier posibilidad de seguridad climática y soberanía, el camino hacia economías desfosilizadas carece de un mandato vinculante claro, agravado por un momento político donde la energía es tratada como un botín de guerra. Por ello, es imperativo seguir abriendo el debate público: no basta con que la ciudadanía demande una desfosilización como eje de bienestar social; es necesario asumir responsabilidades sobre el uso y explotación de los recursos, preguntándonos para quién y para qué trabajan estos fósiles. La discusión ha dejado de ser una cuestión meramente de reducir emisiones o adaptarse; ahora se trata de reparar y adquirir las capacidades necesarias para impulsar una transición justa.
Esta urgencia fue precisamente el motor de la Declaración de la Cumbre de los Pueblos (Fossil Free Rising., 2026), cuya postura contrasta con la oficial. Mientras que el espacio de Santa Marta apuesta por una cooperación operativa gradual y "voluntaria" entre países, los movimientos sociales exigen un marco jurídico internacional vinculante que obligue a una transformación sistémica y rápida, bajo una lógica de justicia histórica y reparaciones. En este sentido, la Cumbre demandó el cese inmediato de la expansión de combustibles fósiles, la reforma profunda de la arquitectura financiera global para cancelar deudas ilegítimas, la prioridad de la soberanía energética comunitaria y la desarticulación de la influencia corporativa en la gobernanza. Es, en esencia, un llamado a descartar las "falsas soluciones" tecnológicas y a anteponer el bienestar de la vida y el respeto a los territorios sobre la acumulación infinita de capital.
En conclusión, el camino a seguir debe fortalecer la labor de la "coalición de los dispuestos" sin caer en el desgaste diplomático que supone depender exclusivamente de los consensos multilaterales tradicionales. La clave del éxito no será repetir las narrativas climáticas convencionales, sino construir una nueva gobernanza que entienda la energía como un derecho fundamental, la deuda como una barrera estructural a eliminar y la cooperación internacional como la herramienta necesaria para una transformación económica profunda, soberana y equitativa.
Referencias
- [1] La "visión de túnel del carbono" es una crítica conceptual que señala la limitación de reducir el desafío de la transición energética y el cambio climático exclusivamente a la gestión técnica de emisiones.
- Gobierno de Colombia y Gobierno de los Países Bajos. (2026). TAFF conference co-host takeaways. https://static1.squarespace.com/static/68dc91a7e566d74a91e8e22d/t/69f2979327f294060a2cb53d/1777506195819/TAFF+Conference_Co-host+Takeaways_DEF.pdf
- France 24. (30 de abril de 2026). 'Just telling' nations to quit fossil fuels 'not realistic': COP31 chief. https://www.france24.com/en/live-news/20260430-just-telling-nations-to-quit-fossil-fuels-not-realistic-cop31-chief
- Fossil Free Rising. (26 de abril de 2026). People’s declaration for a rapid, equitable, and just transition for a fossil-free future. https://fossilfreerising.org/declaration