Colombia se encuentra en una situación sin precedentes. Tras el conteo preliminar de los votos, Abelardo de la Espriella, del partido de ultraderecha Defensores de la Patria, obtuvo una ligera ventaja en la segunda vuelta presidencial del 21 de junio con más de 12,9 millones de votos (49,66 %). Iván Cepeda, candidato del partido de gobierno Pacto Histórico, alcanzó más de 12,7 millones de votos (48,70 %).
La diferencia de apenas 250.830 votos, equivalente a 0,96 puntos porcentuales, es tan reducida que el resultado definitivo solo podrá conocerse una vez concluya el escrutinio oficial. Si las cifras preliminares se confirman, se trataría del margen más estrecho de todas las siete segundas vueltas presidenciales celebradas desde la entrada en vigor de la Constitución de 1991, que introdujo este mecanismo electoral.
Al mismo tiempo, la participación electoral alcanzó un nivel histórico: el 63,58 % de las personas habilitadas para votar acudieron a las urnas. En comparación, en las elecciones presidenciales de 2022 la participación había sido del 58,17 %. De los más de 41,4 millones de votantes registrados, más de 26 millones ejercieron su derecho al voto en esta ocasión. Esta movilización extraordinaria refleja la enorme importancia política que amplios sectores de la población atribuyeron a esta elección, recorriendo largas distancias en lanchas o a caballo para participar.
También resulta notable la dinámica entre la primera y la segunda vuelta. Iván Cepeda logró movilizar cerca de tres millones de votantes adicionales desde la primera vuelta celebrada el 31 de mayo, mientras que Abelardo de la Espriella sumó aproximadamente 2,6 millones de votos más. Cepeda incluso superó ampliamente los 11,28 millones de votos con los que Gustavo Petro ganó la presidencia en 2022. Sin embargo, según los resultados preliminares, esta impresionante movilización no fue suficiente para alcanzar la victoria.
¿Por qué Abelardo de la Espriella logró conquistar a tantos votantes?
Las elecciones presidenciales de 2026 representan un punto de inflexión dramático para Colombia. Nunca antes el país había estado tan profundamente dividido desde el punto de vista político. El resultado extremadamente ajustado entre el candidato ultraderechista Abelardo de la Espriella y el candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, demuestra que estaban en disputa dos visiones muy diferentes del futuro nacional.
Al mismo tiempo, surge la pregunta de cómo un candidato como De la Espriella consiguió movilizar un apoyo tan amplio en tan poco tiempo.
Su éxito no puede explicarse únicamente por su figura personal. Su campaña conectó con estados de ánimo sociales que se habían venido acumulando durante años. La inseguridad, la decepción con las instituciones políticas, el miedo a la criminalidad y a los grupos armados, así como la percepción de una pérdida de control por parte del Estado, crearon un terreno fértil para un candidato que ofrecía respuestas simples a problemas complejos.
Uno de los factores centrales fue la situación de seguridad. Aunque Colombia avanzó en el proceso de paz y el gobierno de Petro impulsó la política de la “Paz Total”, muchas personas percibieron que los grupos armados estaban recuperando influencia en distintas regiones. Especialmente en las zonas rurales, la presencia de disidencias de las antiguas FARC, el ELN y otros actores armados ha generado una sensación permanente de inseguridad. A ello se suman el aumento de las extorsiones, episodios de violencia local y la expansión de economías ilegales.
Respuestas simples para desafíos complejos
De la Espriella supo aprovechar políticamente estas preocupaciones. Su mensaje era sencillo y emocionalmente efectivo: el Estado había perdido el control y se debía recuperar con toda la fuerza posible. Mientras Iván Cepeda apostaba por el diálogo, la implementación del Acuerdo de Paz y el abordaje de las causas estructurales de la violencia, De la Espriella prometía un retorno a la política de la “mano dura”. Cuestionó de manera general las negociaciones con grupos armados y anunció una militarización de la política de seguridad. Para muchos votantes que esperaban soluciones rápidas, esta propuesta resultó más convincente que las estrategias de reforma de largo plazo.
Asimismo, De la Espriella se benefició del descontento con el gobierno de Gustavo Petro. Aunque la administración impulsó reformas importantes en áreas como la política social, la reforma agraria y la transición energética, muchos de sus objetivos quedaron inconclusos o enfrentaron una fuerte resistencia de la oposición en el Congreso. Las altas expectativas generadas por la histórica elección del primer presidente progresista de izquierda en Colombia, Gustavo Petro en 2022, no pudieron cumplirse plenamente. Muchos ciudadanos evaluaron al gobierno principalmente a partir de los resultados en materia de seguridad y menos por sus avances sociales. Esto contribuyó a crear un clima político en el que una parte de la población estuvo dispuesta a respaldar un cambio de rumbo radical.
Otro factor clave del éxito de De la Espriella fue su capacidad para presentarse simultáneamente como representante de las estructuras tradicionales de poder y como un candidato anti establecimiento. Aunque recibió apoyo de influyentes élites económicas y políticas, logró proyectar la imagen de un outsider que luchaba contra un sistema político supuestamente corrupto e ideologizado. Este patrón es conocido en muchos países: políticos estrechamente vinculados a los centros tradicionales de poder logran presentarse exitosamente como la voz del “pueblo” frente a las élites.
La evolución política internacional también desempeñó un papel importante. La campaña de De la Espriella reprodujo estrategias observadas previamente en movimientos populistas de derecha en Estados Unidos, Europa y América Latina. Sus principales mensajes giraron en torno a la seguridad, la soberanía nacional, el rechazo a las instituciones multilaterales y la crítica a los cambios sociales progresistas. Su estilo de comunicación política mostró claras similitudes con figuras como Donald Trump o el presidente salvadoreño Nayib Bukele, ambos exitosos gracias a una combinación de polarización, mensajes simples y liderazgo fuerte.
El microtargeting como estrategia digital eficaz
La forma en que se desarrolló la campaña también resultó decisiva. A diferencia de elecciones presidenciales anteriores, los debates políticos tradicionales desempeñaron un papel secundario. De la Espriella evitó en gran medida las confrontaciones públicas con Iván Cepeda y rechazó participar en debates televisados. En su lugar, apostó por las redes sociales, los influenciadores y los canales digitales de comunicación. El objetivo ya no era convencer a la opinión pública en general, sino dirigirse de manera específica a distintos grupos de votantes.
Esta estrategia de microtargeting resultó particularmente efectiva. Diferentes segmentos de la población recibieron mensajes adaptados a sus miedos, esperanzas e intereses. Los jóvenes fueron abordados a través de influenciadores y redes sociales, los votantes conservadores recibieron mensajes centrados en la seguridad y los valores familiares, los empresarios fueron atraídos mediante promesas de reducción de impuestos y desregulación. De esta manera, la campaña logró conectar con diversos sectores sociales sin necesidad de presentar un proyecto político coherente e integral.
La comunicación digital también facilitó la difusión de desinformación. Especial preocupación generó el uso de inteligencia artificial para crear imágenes, audios y videos manipulados. Durante la campaña circularon numerosos contenidos que retrataban a Iván Cepeda como un marxista radical, aliado de grupos armados o una amenaza para la democracia. Muchas de estas representaciones contrastaban claramente con su trayectoria política, caracterizada por la defensa de los derechos humanos, su trabajo en el Congreso y su respaldo a las instituciones democráticas. Sin embargo, estas narrativas tuvieron impacto porque reforzaron temores existentes y profundizaron la polarización política.
Numerosas irregularidades e influencias indebidas
Abogados y periodistas documentaron múltiples casos de presuntas irregularidades. Entre ellas se incluyeron acusaciones de manipulación electoral, compra de votos e influencia indebida de grupos de poder regionales. También se reportaron presiones sobre trabajadores de instituciones públicas, campañas coordinadas en redes sociales y posibles violaciones a las normas de financiación electoral.
El apoyo de clanes políticos regionales desempeñó igualmente un papel relevante. Detrás de De la Espriella se encontraban varias redes de poder construidas durante décadas, con una considerable capacidad de movilización electoral. Estos aparatos políticos locales pueden influir directamente sobre los votantes y tienen una importancia especial en las zonas rurales. El respaldo de estas estructuras proporcionó a De la Espriella ventajas organizativas que fueron mucho más allá de su presencia mediática.
Resulta llamativa una contradicción evidente: mientras presentaba su campaña como una lucha contra la corrupción y las élites políticas, se apoyaba simultáneamente en redes acusadas de prácticas como clientelismo, corrupción o fraude electoral. Sin embargo, esta contradicción apenas afectó a su campaña. Para muchos de sus seguidores, la expectativa de una mayor seguridad y de un cambio político pesó más que esas inconsistencias.
Colombia dividida en dos bloques
Otro factor importante fue la debilidad del centro político. A diferencia de elecciones anteriores, las fuerzas moderadas no lograron construir un proyecto propio con suficiente capacidad de convocatoria. Muchos de estos sectores terminaron posicionándose contra el gobierno de Petro y apoyando, directa o indirectamente, a De la Espriella. Así se conformó una coalición ideológicamente heterogénea, pero unida por su rechazo al proyecto progresista.
El éxito de De la Espriella no puede explicarse únicamente por su popularidad personal. Muchas personas no votaron necesariamente a favor de su programa de gobierno, sino en contra de la situación existente. El deseo de mayor seguridad, la decepción frente a las instituciones políticas y el temor a la incertidumbre económica resultaron más movilizadores que los debates sobre democracia, derechos humanos, medio ambiente o estrategias de desarrollo de largo plazo.
En última instancia, el estrecho resultado electoral demuestra que el país está dividido casi en dos bloques políticos de tamaño similar. La elevada participación electoral refleja, por un lado, la fortaleza de la movilización democrática. Pero, por otro, evidencia la profundidad de los conflictos sociales que atraviesan la sociedad colombiana. Por ello, las elecciones presidenciales de 2026 fueron mucho más que una competencia entre dos candidatos. Constituyeron una decisión entre dos visiones fundamentalmente distintas sobre cómo alcanzar la paz, la seguridad, la democracia y el desarrollo en Colombia.
El ascenso de Abelardo de la Espriella es el resultado de la convergencia de múltiples factores: problemas reales de seguridad, decepción con el gobierno, apoyo de poderosas redes políticas, una campaña digital altamente profesionalizada y un contexto internacional que favorece las propuestas autoritarias y populistas de derecha. Su éxito es, por tanto, menos el producto de una sola personalidad que la expresión de una profunda transformación social cuyas consecuencias seguirán marcando a Colombia durante muchos años.