Todo libro tiene su propia historia, con un inicio, un nudo y un desenlace. La historia de este libro comenzó a finales del año 2022, se desarrolló desde mediados de 2023 y está viviendo su desenlace a comienzos de 2024, pero tal vez jamás tenga un fin. La idea del libro surgió —y se fue transformando— en conversaciones de cafés, de almuerzos y también de escritorios en la oficina1 , que fueron vislumbrando sueños y propósitos diversos en torno a la escritura como una herramienta política con protagonistas que tuvieran en común habitar la ruralidad y pertenecer o estar cercanas a algún proceso organizativo de la sociedad civil cuya misión fuese defender los derechos humanos y de los territorios.
En suma, toda la lluvia de ideas y objetivos que iba emergiendo se configuró en 2 grandes propósitos. El primero tenía que ver con la intención de trasladar la escritura como acto político a las manos y mentes de mujeres jóvenes que se encuentran en veredas, corregimientos, municipios, resguardos indígenas, consejos comunitarios de comunidades negras, afrodescendientes o raizales, territorios en su mayoría rurales a los que generalmente han llegado libros escritos y producidos por otros, en su mayoría hombres, pero pocos han sido los “libros propios”, es decir, de autoría de quienes habitan estos lugares atravesados por la exclusión y las desigualdades. El segundo propósito estaba relacionado con poder plasmar en los textos la relación entre el enfoque territorial y el enfoque de género y/o perspectivas feministas; es decir, poner a dialogar las características, necesidades, conflictos y luchas territoriales de diferentes regiones del país con reflexiones que evidencian las situaciones de violencia, opresión, exclusión y/o desigualdad, pero también de resistencia, lucha y transformación que viven las mujeres por y desde sus condiciones de género, clase, etnia, edad, orientación sexual, opción o no por la maternidad, y por sus pertenencias e identidades territoriales o geográficas.
Con estos 2 propósitos en mente y con 3 territorios como fuente de inspiración: Suroeste antioqueño, Caquetá y La Guajira —por las experiencias que conocíamos allí de mujeres jóvenes lideresas y amantes de la defensa de sus comunidades y de la naturaleza— decidimos hacer de esta historia algo más grande y pensamos en 4 importantes pasos o momentos del proceso. El primer momento consistió en planear un curso de escritura creativa y feminismos para brindar herramientas de escritura a mujeres rurales que tuvieran historias que contar, luchas que escribir, reflexiones por narrar. Así, abrimos la convocatoria a mujeres de todo el país que habitan en entornos rurales, participan de algún proceso organizativo, tienen interés en la protección de los territorios y de los derechos de las mujeres, y son apasionadas por la escritura.
La convocatoria se abrió bajo el mismo título del libro: Ecos feministas de los territorios2 , con la excusa de reunir experiencias y vivencias de jóvenes indígenas, campesinas y afro presentes en diferentes rincones de la geografía colombiana, y visibilizar la diversidad regional, junto con la potencia creativa de las mujeres que habitan la ruralidad y que diariamente son interpeladas por las situaciones sociales, culturales, políticas y ambientales que viven ellas, sus familias, sus comunidades, sus organizaciones y, en general, sus territorios. Se inscribieron 100 mujeres desde la Amazonia hasta la Costa Caribe, desde los Llanos y los Andes hasta las tierras del Pacífico. Cada mujer con grandes ideas e inspiración por escribir; después de un arduo y difícil proceso, finalmente, aunque el número de cupos destinado para el proceso era de 15 (por su metodología), seleccionamos a 17 mujeres3.
El segundo momento estuvo orientado a hacer realidad el curso híbrido, mediante encuentros virtuales y presenciales, con 17 mujeres de: Nariño, Caquetá, Huila, Cundinamarca, Tolima, Quindío, Caldas, Antioquia, Valle del Cauca, Cesar y La Guajira, quienes hoy son las autoras y protagonistas de este libro. El encuentro principal fue en el mes de octubre de 2023 en Bogotá, de manera presencial. Con un ambiente sororo y muchas expectativas tanto de las formadoras como de las 17 participantes, empezamos por intercambiar entre nosotras y presentar lo que sería la ruta de la construcción colectiva del libro, mediante la participación de cada una en el curso. Desde el mismo momento de la presentación de las mujeres, se pudo percibir una serie de fortalezas en sus caminos recorridos, en sus lugares de procedencia, en su vida colectiva y comunitaria, en sus roles como estudiantes, trabajadoras, madres, artistas, cantantes, profesoras, activistas y lideresas. A su vez, cada presentación estuvo acompañada —a modo de un ritual político— de la lectura de pequeñas historias de mujeres que han vivido contradicciones, sacrificios, luchas y logros a lo largo del mundo en aproximadamente 2500 años de historia.
Después comenzaron los espacios de formación, orientados a brindar estrategias de análisis y comprensión de las situaciones, problemas y propuestas desde los territorios en 3 ejes: i) Feminismos y derechos de las mujeres; ii) Vidas autodeterminadas y libres de violencias; y iii) Ecofeminismos y defensa del territorio. Cada eje contó con un taller orientado por las docentes Camila Esguerra, Laura Vásquez y Daniela Rojas, respectivamente. El siguiente espacio de formación se dirigió a ofrecer herramientas para la escritura creativa de textos en diferentes géneros literarios y en diversos formatos, y en particular a pensar y considerar lo que implica pasar de la escritura femenina a la escritura feminista, esto bajo la orientación de la docente Laura Martínez. Con libreta y lápiz en mano, y con los oídos atentos a fragmentos de libros de literatas colombianas, latinoamericanas y del mundo, todas empezaron a plasmar palabras que serían fuentes de inspiración para sus propios textos4 .
Después de que todas regresaron a sus regiones, el tercer momento del proceso estuvo conformado por talleres virtuales de escritura creativa y feminista, y espacios de acompañamiento en los ejes temáticos con 3 tutoras, cada una responsable de un eje: Sthefanía Lizarazo orientó el eje de Feminismos y derechos de las mujeres; Sandra Rojas el eje de Vidas autodeterminadas y libres de violencias; y Natalia Rubiano el eje de Ecofeminismos y defensa del territorio. En este punto ya las autoras habían iniciado con la escritura de sus textos, que eran nutridos por los talleres, por materiales audiovisuales y bibliográficos, y por conversaciones con sus tutoras y el equipo de la Fundación. Cada texto fue y volvió entre avances y versiones semifinales y finales; este tercer paso lo cerramos buscando reforzar en los textos la interconexión entre el enfoque territorial y el enfoque de género, y animando a escribir, pensar y reflexionar sobre los territorios de cada una y sobre lo que significa el feminismo o los feminismos para cada una.
El cuarto momento del proceso consistió en la compilación y construcción colectiva del libro. Esto significó pensar y acordar cada detalle juntas, desde la identidad gráfica del libro hasta su contenido; sin embargo, este cuarto momento continúa, sigue activo y no ha terminado. Consiste en otra parte muy importante del desenlace de la historia de este libro: su difusión y lectura por muchos y muchas en diferentes latitudes. Tenemos una aspiración, una ilusión: que sea leído por todas, todos, todes. No es un libro para mujeres, es un libro para cualquier persona que se quiera adentrar un poco más en escritos diversos cuyos orígenes son múltiples, tanto en las razones para escribirlos como en los lugares en los que se produjeron. Está dirigido a todas las personas que tienen la disposición de aceptar la invitación a interpelarse a sí mismas/os y a la sociedad en la que vivimos, a través de retratos con palabras de las vivencias e historias de mujeres en diferentes territorios rurales de Colombia y sus perspectivas sobre la naturaleza, los conflictos socioambientales, los desafíos para organizarse y participar como mujeres jóvenes, las apuestas y los retos para la promoción y exigibilidad de sus derechos, su libertad y autonomía reproductiva, y su lucha por la transformación de las desigualdades desde una perspectiva feminista e interseccional.
Ecos feministas de los territorios representa una oportunidad para recuperar, a través del papel y la tinta, historias de mujeres que cambian el rumbo de sus comunidades con resistencia y persistencia; mujeres que enseñan desde el liderazgo y la defensa de los derechos, que han sido invisibilizadas, pero que son protagonistas de pequeños y grandes cambios sociales; mujeres que sueñan, sobreviven en las adversidades y conflictos, que casi nunca se resignan y que hacen parte de hazañas colectivas por la promoción y protección de la naturaleza, de la paz y de los derechos humanos. Y, cuando hablamos de mujeres, no solo hacemos referencia a las 17 mujeres autoras aquí presentes, sino a un engranaje intergeneracional entre mujeres. El libro en sí mismo contiene múltiples historias de aquellas mujeres cuyos ejemplos, acciones, conversaciones y charlas fueron fuentes de inspiración para los textos, es decir, las madres, vecinas, comadres, hijas, primas, colegas, compañeras, hermanas, abuelas, tías, profesoras, lideresas y ancestras de las autoras. También los hombres, abuelos, padres, vecinos y líderes sociales de las comunidades, fueron un motor de la reflexión y de la escritura, aunque los hombres no han sido solo inspiración, también este libro ha sido una oportunidad para contar las historias de hombres agresores.
Las personas lectoras encontrarán un libro organizado en respuesta al entusiasmo de un grupo de mujeres en hacer cada paso juntas para generar impacto, a través del mundo de la escritura, en la transformación social y en respuesta a la fluidez que resultó esta experiencia de armar un rompecabezas escrito, con textos de autoras que en algunos casos optaron por recurrir a la memoria, a los recuerdos de historias propias o cercanas, y que en otros casos recurrieron a la imaginación.
La primera parte está dedicada a un recorrido por los territorios diversos que forman parte del proceso: desde Yacuanquer, Cumbal y Guachucal en Nariño, pasando por Valparaíso y Florencia en Caquetá, cruzando la vereda El Carmen en Oporapa, Huila, para llegar a Suesca, Cundinamarca, y a Planadas en el sur del Tolima, y saltar a Vallecitos en Jericó, Antioquia, para navegar hacia Yurumanguí en Buenaventura, Valle del Cauca, y aproximarse a la Reserva Campesina Asmufare, Quindío, y a Riosucio y Filadelfia en Caldas, hasta terminar en La Loma y Valledupar, Cesar, y cerrar el recorrido en Cañaverales y en el Resguardo Lomamato en el sur de La Guajira.
La segunda parte es un conjunto de reflexiones sobre el feminismo y los feminismos situados, a partir de reconocer que “no está bien, pero tampoco mal” nombrarse o no nombrarse feminista. El proceso sirvió para acercar un poco todo lo que puede contener la palabra feminista a mujeres que la desconocían, se habían distanciado de ella por alguna razón, creían que era algo lejano y una cuestión de la academia o de los movimientos sociales y políticos de las ciudades, o que la sentían cercana, pero no del todo. Sin embargo, al aproximarse y conocer las diferentes corrientes del feminismo (comunitario, negro, decolonial y poscolonial, de color, chicano, de frontera, transfeminismo, popular, ecofeminismo, entre otros) identificaron que las brechas y desigualdades que las indignan, y las causas por la justicia en las que creen y por las que caminan y luchan también son causas de las luchas feministas, y que sus luchas desde los diferentes territorios rurales se acercan a las luchas feministas conocidas en este proceso.
En la misma línea de lo expuesto, la sección de Feminismos situados es una apuesta por recoger los aportes de la teoría de la interseccionalidad y analizarlos de manera situada, según el territorio que corresponda, desde el sentir y pensar de cada autora. Es decir, es un intento por reconocer que en cada contexto —y mucho más en los lugares periféricos— la interrelación y cruce de simultáneas y múltiples formas de opresión (racista, clasista, sexista y heteronormativa), y otros factores (como la religión, la edad, la preferencia sexual, la migración, la condición de discapacidad, etc.) se expresan de manera diversa y particular, al igual que las iniciativas, narrativas y prácticas por la transformación de las desigualdades. En últimas, se recogen los diferentes lugares de enunciación, las ideas comunes y la empatía que se construyó entre las mujeres que cuestionan esa idea esencial y universal impuesta de “ser mujer”.
Como apertura y antesala a los 17 textos que están organizados en los 3 ejes temáticos mencionados, cada bloque tiene una introducción al tema. En el primer eje “Vidas autodeterminadas y libres de violencias” se encuentran 6 textos: uno de ellos habla, sobre y desde el cuidado, de la triple jornada que tienen que vivir las mujeres en las trampas que pone la industria de las rosas; otro recoge las diferentes expresiones de la violencia como una pandemia que viven permanentemente las mujeres; adicionalmente, está el texto que refleja la historia de vida que cuestionó profundamente la educación patriarcal y todas las formas de opresión y discriminación desde la casa y las calles hasta las escuelas, las universidades y los movimientos sociales y políticos, siempre con el horizonte de cambiar la historia. Por otra parte, se encuentra el escrito sobre el día a día de las violencias del amor romántico para llegar a la conclusión de la necesidad de priorizar el amor propio y colectivo; también el pasaje que recoge las heridas y dolores del hogar en el pasado para transformarlos en el presente entre la relación de madre e hija; y el relato sobre el llamado a un territorio Wayuu libre de violencias a partir del entramado de agresiones y abusos en el que está inmersa La Guajira, junto con sus fortalezas y potencialidades. En el segundo eje “Feminismos y derechos de las mujeres” hay 5 textos que abordan las paradojas, contradicciones y aprendizajes de la maternidad y el activismo, así como los retos que implica transitar de ser hombre a mujer en un entorno rural conservador y violento. También están la poesía que hace honor a las mujeres invisibles que entregan sus esfuerzos para sobrevivir y aportar a que la sociedad que las desconoce siga funcionando; el relato que devela la persistencia y resistencia de las mujeres indígenas entre las opresiones coloniales y las tradiciones de sus propios resguardos en el sur del país con frontera en Ecuador; y la historia que une en una sola la vida de 3 mujeres que para nada son iguales, pero tejen su propia historia a partir de sus desdichas y sus pequeñas y grandes victorias, con el foco en los múltiples sentires y percepciones de lo que implica vivir con una discapacidad visual.
El tercer eje “Ecofeminismos y defensa del territorio” tiene 6 textos, en los que se encuentran relatos de resistencia y unión en la comunidad para defender el territorio, el agua, la vida; historias contadas por sus protagonistas sobre estrategias para resistir, persistir, permanecer y movilizarse, con el fin de conseguir victorias ante la expansión del extractivismo; historias de las luchas constantes por conservar sus paraísos colombianos; historias contadas por lideresas de las nuevas generaciones que inspiran a sus comunidades.
Sin duda, los 3 párrafos anteriores solo son un abrebocas, es imposible sintetizar o hacer un resumen de cada uno de los 17 textos —escritos en diferentes géneros literarios, unos son coplas, otros poemas, otros diálogos, otros crónicas— por su complejidad, creatividad, riqueza y capacidad de trasladarnos a los olores, sabores y sentidos de sus territorios e historias. A modo de cierre, se encuentra un texto con reflexiones finales del proceso de construcción del libro y sobre la escritura feminista, así como un pequeño viaje por lo que significó la experiencia de la escritura feminista para cada una de las autoras.
Como el eco, que es el sonido que se repite al rebotar, queremos que Ecos feministas de los territorios sea repetido, que rebote en muchas personas y que los relatos de sus escritoras sigan haciendo eco a otras mujeres, a otras personas. Esperamos que disfrute la lectura tanto como nosotras lo hemos hecho y que conozca a cada autora y sus comunidades por medio de sus letras. Animamos a mujeres y niñas a escribir y soñar; no importa si no somos grandes escritoras reconocidas, siempre tendremos una historia que contar y alguien que la quiera leer.
Este libro fue realizado y guiado en su totalidad por mujeres. Agradecemos a las formadoras: Camila Esguerra, Laura Vásquez y Daniela Rojas, quienes con su experticia y pasión llenaron de nuevos conocimientos a las autoras; a las tutoras que acompañaron y guiaron con paciencia a cada autora: Sthefanía Lizarazo, Natalia Rubiano y Sandra Rojas; a la formadora de creación literaria: Laura Camila Martínez, que con su entrega y dedicación llenó de inspiración y motivación a las 17 escritoras; a la correctora de estilo: Sabina Ojeda, quien trasnochó con nosotras para perfeccionar y embellecer cada texto; a la diagramadora: Laura Montes, que le puso color al proceso e hizo de los textos un hermoso libro; a las ilustradoras: Lilli Bello y Maya Corredor, que retrataron la alegría, las luchas, el amor y la fuerza de las escritoras y sus territorios; a la pasante Carolina Urquijo, quien tuvo la idea inicial del nombre de este libro y, por supuesto: gracias a las 17 autoras por creer en el proceso y por crear ecos. Gracias a todo el equipo por su entusiasmo, amor y compromiso.
1 En la oficina de la Fundación Heinrich Böll - Bogotá, Colombia, entre los escritorios de Ángela Valenzuela Bohórquez, responsable de Comunicaciones, y Luisa Rodríguez Gaitán, coordinadora del programa de Democracia y Derechos Humanos.
2 El nombre completo de la convocatoria fue “Ecos feministas de los territorios: curso de escritoras jóvenes rurales”. Fue un nombre ajustado en colectivo por el equipo de la Fundación Heinrich Böll - Oficina Bogotá, Colombia, pero la idea central de “Ecos feministas” fue brindada por la pasante del programa Democracia y Derechos Humanos, y de Comunicaciones, Carolina Urquijo, a quien agradecemos este y todos sus aportes al proceso.
3 Además de que nos encontramos ante el desafío de los recursos presupuestales limitados, la metodología y el diseño del curso estaban orientados a un curso intensivo y con acompañamientos conceptuales y de escritura individuales y personales, lo cual implicaba trabajar con un grupo pequeño de escritoras
4 Como las jornadas tenían un carácter intensivo y de larga duración, optamos por solazar el encuentro con 2 espacios especiales alrededor del teatro y el cine documental. Uno consistió en la asistencia de todo el grupo al Teatro Jorge Eliécer Gaitán para presenciar la obra Mina/Mata, dirigida por Juan Carlos Moncayo y protagonizada por mujeres, sobre el genocidio industrial en la bahía de Minamata, Japón. El otro espacio fue un conversatorio a partir de El film justifica los medios y luego el intercambio musical entre las mujeres con la cantautora Liana en el centro cultural POEMAPA. Estos 2 espacios siguieron nutriendo la experiencia y las reflexiones que cada mujer vivía durante el curso.