Misión posible y necesaria: idea y experiencia de ser observador electoral

Misión posible y necesaria: idea y experiencia de ser observador electoral

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El domingo 17 de junio Colombia eligió su nuevo presidente. A través de la Fundación Heinrich Böll tuve la oportunidad de estar presente en las elecciones como observador electoral, y llegué a saber de la importancia tanto como las dificultades de acompañar el proceso más clave de la democracia.

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Desde el domingo 17 de junio está decidido quien se mudará a la Casa de Nariño y dirigirá el futuro de Colombia para los próximos cuatro años. Con 10,3 millones de votos correspondientes al 54%, el candidato del Centro Democrático Iván Duque ganó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales frente a Gustavo Petro, candidato del movimiento Colombia Humana quien logró obtener un poco más de 8 millones y así el 42% de los votos.

Mientras más de 36 millones de colombianos y colombianas estaban llamadas a las urnas, yo –un universitario de Alemania– me encontraba haciendo parte de un grupo de más de 3.400 “hombres y mujeres al servicio de la democracia”. Así se leían las letras en la camisa que vestía en ambas rondas electorales para identificarme como observador internacional de la Misión de Observación Electoral, más conocida por su abreviatura MOE. En la primera vuelta, el domingo 27 de mayo, estuve al lado de otros cincos observadores y observadoras internacionales en Suba, localidad del noroccidente de Bogotá, donde visitamos en total cuatro puestos de votación. Para la segunda vuelta estuve presente en tres puestos de la localidad de San Cristóbal, en el Sur de la capital, para finalizar la jornada en el Centro Internacional de Negocios Corferias, el puesto más grande del país, para observar el cierre de las mesas.

La identificación con los valores de la MOE y la opinión de que unas elecciones limpias y pacíficas son pilar fundamental de una democracia y una sociedad pluralista me llevaron a la decisión de hacer parte de la misión. Desde 2006, la MOE –una plataforma de organizaciones de la sociedad civil– promueve el ejercicio de los derechos civiles y políticos de la ciudadanía en Colombia. Así, en tiempos de elecciones realiza procesos de monitoreo y observación para apoyar la garantía de elecciones libres, transparentes y participativas.

Además de creer en la importancia de la observación electoral y de identificarme con los valores de la MOE, decidí participar por el actual panorama político en el país. La implementación de los acuerdos de paz con las FARC, las negociaciones con el ELN y en general diferentes opiniones sobre el rumbo del país en cuanto a la economía y la convivencia social causaron y aún causan una gran fragmentación en la sociedad colombiana. En ese sentido, las elecciones se dieron en un escenario en el que confluyen dos elementos fundamentales: la transición y un alto grado de polarización. Esta situación política no solamente da importancia a las elecciones, sino que también las afecta de manera directa. Campañas difamatorias, noticias falsas e influencias indebidas eran solamente algunos fenómenos que se podían identificar en las semanas antes de las elecciones. Si bien, las capacidades de un observador o una observadora en todo este contexto son limitadas y aunque la contribución individual sea mínima, el hecho de estar presente realizando un ejercicio de monitoreo el día de las elecciones, tiene un efecto en que la idea de una democracia justa y transparente sea una realidad viva.

Hasta aquí bien, pero ¿qué pasa en la misión electoral? Y, ¿cómo se hace la observación?

El mandato del o de la observadora es estar presente y poner ojos y oídos para reportar posibles irregularidades y delitos electorales. En ese sentido, la tarea principal es evidente: observar y anotar. Sin embargo, aunque suena teóricamente fácil, no hacer nada y ser exclusivamente pasivo, puede ser más exigente que hacer algo. En particular, por dos razones:

Primero, como observador se corre el riesgo de ser considerado como autoridad. En general, el uso de distintivos o símbolos solamente está permitido a las autoridades del puesto. Por el hecho de que los y las observadoras de la MOE se identifican a través de camisas, gorros y credenciales, ocurre que las personas los consideran una de estas autoridades y así les preguntan sobre el funcionamiento del acto de votar o buscan otra ayuda. Sin embargo, el o la observadora no es un guía electoral y no puede orientar a los y las votantes ni a las autoridades. Por supuesto, eso no significa que a preguntas como “me puede decir, ¿dónde se ubica el baño?” o “¿qué hora es?”, no se pueda responder. Sin embargo, hasta aclarar inquietudes como esas puede ser una línea fina en un ambiente de elecciones. Por ejemplo, cuando la próxima segunda será “¿hasta qué hora puedo votar?”.

Segundo, es clave moderar su propio comportamiento debido a los principios de la imparcialidad y objetividad de la observación. El transcurso de las elecciones –es decir, la apertura de la mesa, el procedimiento de votar, el cierre de la mesa de votación y el conteo de votos– es distinto y se realiza con base en ciertas reglas y procedimientos. Está de más decir que existen ambigüedades y momentos en que tanto los y las juradas así como las autoridades presentes pueden estar confundidas. En estas situaciones, es posible que identifique una irregularidad o tal vez tenga una propuesta sobre cómo aclarar la confusión. No obstante, en vez de actuar, debo estar quieto y seguir tranquilamente con la observación de lo ocurrido, lo que refleja la dificultad de permanecer como un actor pasivo.

Estando presente en los diferentes puestos en Suba y San Cristóbal, me di cuenta que el comportamiento propio se encuentra en un balance de no comunicar mucho para asegurar la dicha imparcialidad, así como interactuar necesaria e inevitablemente con la gente, en particular con los y las juradas. Es decir, aunque mi tarea sea observar y este hecho sea técnicamente planeado, eso no es igual que el comportamiento de un o una vigilante muda. Entrar en un puesto o un salón con mesas de votación ya cambia la dinámica del lugar, especialmente porque con la camisa y la credencial soy identificado rápidamente. Esa identificación también tiene la intención de hacer visible la presencia de una instancia de control y así impedir posibles irregularidades. Sin embargo, hice la experiencia de actuar educadamente, presentarme e interactuar con los y las juradas, lo cual creó un ambiente más cooperativo y para algunos pasos de la observación, como la apertura de las mesas, eso sí es necesario.

Ahora bien, encontré en las dos vueltas muchas autoridades, jurados y juradas comprometidas, pero al mismo tiempo –aparte de algunos hechos que anoté y caractericé como irregularidades– había problemas que para mí mostraron la importancia de un lugar propio para un puesto de votación. Desde una perspectiva de organización y logística un puesto con muchas mesas tiene aparentemente muchas ventajas. Se requiere menos personal de seguridad y en general menos mantenimiento. Pero, en cuanto al transcurso y el control de las votaciones el lugar es extremamente importante. Un gran espacio abre un mar de posibilidades de influencia ilícita y fraude electoral, pues es fácil esconderse en una multitud de gente y únala mencionada amplitud del espacio dificulta la supervisión del puesto. Al mismo tiempo, tiene efectos negativos para los y las juradas tal como que a las y los votantes que enfrentan más estrés en lugares abarrotados que a su vez dificulta un ambiente adecuado para votar.

Finalizadas las dos vueltas presidenciales, la MOE al igual que las autoridades como el ministro de defensa y el presidente Juan Manuel Santos reconocieron que estas votaciones fueron las más tranquilas desde hace muchos años. No se identificaron casos de alteración al orden público en el país, en particular debido al acuerdo de paz con las FARC, así como al cese unilateral de la guerrilla del ELN. La MOE informó a la opinión pública que recibió un total de 2.030 informaciones ciudadanas sobre presuntas irregularidades, la mayoría en Bogotá. De esa información recibida se encontró que las principales irregularidades reportadas hacen referencia a la libertad del o de la votantes, por ejemplo la compra y venta de votos. Además, fueron reportados publicidades ilegales como la instalación de puntos de información alrededor de puestos de votación o testigos portando publicidad de su candidato.

Con la entrega de mis formularios que reportan mis observaciones, el domingo por la noche terminó mi misión de ser observador electoral al lado de más de 3.100 observadores y observadoras nacionales y 106 internacionales en 553 municipios de los 32 departamentos del país. No obstante, esa misión de observación es solamente una pequeña parte en una tarea mucho más amplia, la cual es la del acompañamiento y la supervisión de las políticas y acciones gubernamentales por parte de partidos políticos, organizaciones sociales y la sociedad civil. Esa tarea es aún más crítica porque la fragmentación política no desaparece de un día al otro y por la importancia de los próximos pasos del país. Si bien el presidente electo cambió sus palabras y afirma que ya no quiere “hacer trizas” los acuerdos logrados con las FARC después de más de 4 años de negociación, surgen serias preocupaciones acerca de cómo actuará frente al actual panorama político y a los procesos de paz en marcha, que tantas personas han estado construyendo con dedicación y firmeza en los últimos años.

El texto presente está escrito con base en las experiencias propias y no incluye informaciones sobre presuntas irregularidades. Para conocer más sobre el balance de las elecciones visita la página web de la Misión de Observación Electoral (MOE).  

*La Misión de Observación Electoral MOE es una plataforma de organizaciones de la sociedad civil que promueve el ejercicio de los derechos civiles y políticos de la ciudadanía. Fomenta la participación activa de la sociedad civil en procesos democráticos. Realiza procesos de monitoreo y observación electoral. Forma y capacita en el ejercicio de los derechos políticos, la normatividad electoral y el control social y político. Investiga y promueve iniciativas legales en los aspectos relacionados con la participación ciudadana, los partidos políticos, el régimen electoral y la profundización de la democracia. Tiene como fundamento de sus actividades la independencia, rigurosidad y objetividad; los estándares internacionales de elecciones libres, justas y transparentes; y una estrecha colaboración con todos los actores que promueven los valores democráticos. Para la observación de las elecciones parlamentarias y presidenciales 2018, la Fundación Heinrich Böll respaldó ante la MOE ciudadanos y ciudadanas de Alemania como observadores y observadoras internacionales.

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